Piel seca, grasa o mixta: ¿qué nos dicen realmente los biotipos cutáneos?
Clasificar la piel forma parte de nuestra formación profesional. Revisar y cuestionar qué significa esa clasificación también debería formar parte de ella.
Normal, seca, grasa y mixta. ¿ Cuántas veces hemos estudiado estas categorías? las encontramos en los cosméticos y las utilizamos en nuestras conversaciones profesionales. Incluso personas que nos son profesionales pero juegan a serlo las utilizan como si fuese un dogma de la estética.
Son tan familiares que pocas veces nos detenemos a preguntar:
¿Todas se definen con el mismo criterio? ¿Qué información aportan y qué tipo de información dejan fuera?
En el episodio 4 de Ciencia Dérmica, La mentira del «tipo de piel», ponemos estas preguntas sobre la mesa.
Pero antes de comenzar quiero ayudarte a conocer como ha sido la historia de esta clasificación.
Para ello nos vamos a trasladar a otra época, concretamente a comienzos del siglo XX dónde ya encontramos institutos de belleza que organizaban sus cuidados según categorías de piel normal, seca y grasa.
El Institut de Beauté de París, después conocido como Klytia, es uno de los ejemplos recogidos en la investigación histórica consultada. Otra gran visionaria, Helena Rubinstein también contribuyó a difundir clasificaciones vinculadas a productos y tratamientos. cosmeticsandskin.com
La enseñanza profesional se desarrolló, en demasiadas ocasiones, dentro de ese entorno empresarial. Analizando la historia corporativa de Académie Scientifique de Beauté (una de las primeras escuelas documentadas) abrió en 1928 una escuela para formar profesionales que valoraran la piel y recomendaran productos. www.academiebeaute.com
Estos antecedentes documentan la relación entre clasificación, firmas cosméticas y formación. Pero ninguna de ellas permite establecer una persona inventora de una clasificación con bases científicas, ni tampoco demostrar que las categorías o los conocidos como «biotipos cutáneos» nacieran exclusivamente para vender.
Por tanto, aunque su origen esté ligado a muchos casos a fines comerciales tampoco bastaría este motivo para invalidarlos. Para valorar su utilidad necesitamos examinar sus reglas y su capacidad para describir la piel.
Piel grasa: una característica importante, una explicación incompleta
Cuando hablamos de piel grasa, ponemos el foco principalmente en la presencia de sebo.
Las glándulas sebáceas producen esta mezcla de lípidos mediante una actividad regulada por señales hormonales, metabólicas y neuroendocrinas. También importa cómo responde el tejido a esas señales. Por eso, una mayor producción de sebo no permite concluir por sí sola que exista un exceso de hormonas. pmc.ncbi.nlm.nih.gov
Una persona puede mantener una tendencia a producir más sebo por múltiples motivos fisiológicos. Sin embargo, conocer esa característica no nos informa automáticamente de otros datos importantes en la piel, hidratación, estado de la función barrera o de cómo tolerará un tratamiento determinado
La actividad sebácea aporta información insuficiente para prescribir cosméticos o tratamientos; ese dato no contiene toda la explicación sobre el estado real de la piel.
Piel seca: más allá de producir poco sebo
Presentar la piel seca como el extremo contrario de la grasa resulta sencillo, pero deja fuera mecanismos importantes.
La hidratación del estrato córneo depende de un conjunto de componentes y procesos, entre ellos las sustancias que ayudan a retener agua y los lípidos organizados entre las células. Estos lípidos de barrera no son equivalentes al sebo de las glándulas sebáceas.
Una menor producción sebácea puede contribuir a determinadas situaciones de sequedad, pero no explica todos sus mecanismos. También intervienen la función barrera y los procesos de renovación y descamación. pmc.ncbi.nlm.nih.gov
Por tanto, tener más o menos sebo y mantener una hidratación adecuada son características diferentes, aunque estén relacionadas.
Piel mixta: el rostro como mapa
La categoría «mixta» introduce otra pauta diferente: la distribución de características entre regiones del rostro.
Las mediciones del rostro muestran diferencias regionales en sebo, hidratación y pérdida de agua. Estas diferencias tienen una base biológica.
Por tanto encontrar menos sebo en una mejilla que en la frente no demuestra que la mejilla esté seca. Describe una diferencia de sebo; para valorar sequedad necesitamos más información.
La etiqueta determinada por los biotipos puede orientar. Leer el rostro como un mapa permite precisar qué sucede en cada zona.
¿Estamos clasificando siempre lo mismo?
Al revisar estas palabras encontramos condiciones distintas:
- Grasa: pone el foco principalmente en el sebo.
- Seca: reúne signos cuya explicación puede implicar varios mecanismos.
- Mixta: describe diferencias entre regiones.
- Normal: exige aclarar qué características y referencias estamos utilizando para clasificar una piel como normal.
Seguramente ahora te estés dando cuenta de que estas definiciones se queden muy cortas ante las múltiples situaciones de piel que vemos en cabina, sin embargo este análisis no demuestra que todas estas clasificaciones sean inútiles. Hasta ahora han servido como orientación pero sí plantea la necesidad de definir mejor qué observamos, cómo lo identificamos y qué conclusiones podemos extraer.
Una forma de ordenar nuestra valoración disgnóstica y hacer más precisa, es considerar por separado la actividad sebácea, la hidratación y la función barrera, junto con su distribución y evolución en cada uno de los casos que se analicen.
Las propuestas que teníamos hasta ahora ayudan a organizar el razonamiento; pero presentarla como una nueva clasificación validada exigiría escalas de evaluación y estudios específicos.
Desaprender también forma parte del avance profesional
Cuestionar lo aprendido puede incomodarnos. A mí también: ya que llevo años revisando lo que he enseñado y me doy cuenta que faltan muchas respuestas, encontrarlas exige de revisar mis propias certezas.
Tengo claro que reconocer los límites de una explicación no borra nuestra trayectoria. Sino que nos permite actualizarla, disponer de un punto de partida y unirlo a todo lo que se ha aprendido estas últimas décadas sobre la piel.
Por eso cada vez que veo una piel y se me viene a la cabeza conceptos básicos como «grasa», «seca» o «mixta», me detengo en dos preguntas:
¿Qué estoy describiendo exactamente?
¿Qué mecanismos pueden explicar lo que observo y qué datos tengo para sostenerlo?
Ahí comienza la verdadera revisión.
Ve el episodio 4 de Ciencia Dérmica:
Escúchalo en Spotify:
En el próximo episodio: La piel empieza en sus células.



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